Las elecciones que pasaron y la Argentina que viene

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El Autor de esta nota: Luis María Caballero
Creada el: Lunes 26 de Diciembre de 2011


Las elecciones presidenciales han sido una ratificación del rumbo adoptado. El apoyo obtenido por Cristina Fernández la fortalece de cara al futuro.
Para muchos, sin embargo, el panorama no es claro, ni alentador.

Resulta difícil explicar lo sucedido desapasionadamente, pero pensar el futuro mirando más allá de lo evidente puede ayudar a corregir las muchas y profundas falencias del modelo.

Para que un ciclo de crecimiento económico se convierta en desarrollo, hace falta más que voluntarismo estatal y rapidez de reflejos. Para lograrlo resulta clave la Confianza. La sustentabilidad de un proyecto requiere insuflarla en los actores sociales e inspirarla en los actores globales.

Las experiencias internacionales exitosas (soslayando la crisis europea actual) indican que no es posible lograr el desarrollo a fuerza de controles, sin articular funcionalmente al Estado con la Sociedad Civil.

Nuestro país tiene todo el potencial para salir adelante: un rico y extenso territorio y un pueblo educado, emprendedor y solidario. Sin embargo, hoy no somos tenidos suficientemente en cuenta en los foros globales pues para dejar atrás la intrascendencia hace falta pensar nuestro país.

El relato oficial pretende que jamás hemos vivido un esplendor como éste, pero haciendo un breveracconto vemos qué lejos estamos de la Argentina del 1900.

Por entonces, ser “el granero del mundo” nos había colocado como la sexta economía de la tierra, con un PBI p.c. apenas por debajo del alemán, pero muy superior al francés y al español. Y todo gracias a la colaboración entre estado y empresa y a la estabilidad imperante.

Muchos me descalificarán diciendo que, por las desigualdades de entonces, la bonanza era para unos pocos, y quizás tengan razón, pero en el resto del mundo la situación era la misma. Primero hubo crecimiento, y luego desarrollo.

Luego de ello, a lo largo de toda nuestra historia reciente, el estado ha alternado con la empresa el paternalismo y el enfrentamiento. El empresario ha sido visto como alguien que sólo persigue su propio interés, y el Estado ha sido considerado el principal escollo a sortear para prosperar.

Por eso hemos oscilado entre breves bonanzas y grandes depresiones. Muchísimos observadores, inversores, y economistas (excepto Stiglitz, forzoso es aclararlo) señalan que la falta de una política de largo plazo nos dificulta salir adelante, y mencionan a Chile, Brasil y Uruguay, que mantienen, en los últimos decenios, un mismo proyecto. Nadie niega que en los tres países sufren aún gravísimos problemas, pero mirando la película, no sólo la foto, los tres parecieran estar haciendo su trabajo mejor que nosotros.

Para tener un proyecto de nación se necesita gobernar con estrategias y no con reacciones.

En el modelo actual, claro, no todo es malo, y muchas situaciones de abuso que se han denunciado en este tiempo son reales. Sin embargo, las medidas que se van tomando para corregirlas van casi siempre teñidas de de esa fea costumbre de creer que la historia del mundo comienza con uno.

Nuestra presidente afirma que el mundo desarrollado debería imitarnos y que la decisión política basta para encauzar la economía y para terminar con sus problemas, pero no hace falta ser premio nobel para entender que si invierto mi dinero en un país estable y con reglas claras, quizás esté dispuesto a reducir mis expectativas de rentabilidad en pos de la obtención de un mayor share del mercado, o para acometer un plan de expansión, o por cualquier otro motivo; pero si, por el contrario, decido emprender en un país plagado de incertidumbres y con fama de modificar las reglas de juego, seguramente me propondré obtener, como precio de mi apuesta, beneficios mayores en plazos menores… o invertiré en otros sitios.

Moreno insiste en frenar la inflación con peleas y gritos, demostrando una peligrosa ignorancia, pues con esas medidas sólo consigue desalentar la producción de bienes y servicios y menguar su calidad.

La economía tiene reglas y es menester conocerlas adecuadamente. Recientemente Cristina afirmó que “No queremos importar ni un clavo y que todo sea producto argentino”, desconociendo que cada país produce sólo aquello en lo que tiene ventajas comparativas respecto de los demás. Caso contrario producirá con menor calidad, o con mayor precio, y eso, lejos de ser una limitación, es una oportunidad para todos. Resulta difícil entender por qué siguen insistiendo con recetas ya olvidadas en el mundo.

La Argentina tiene una misión que cumplir, y las necesidades globales son una enorme oportunidad para nosotros, pero aprovecharla requiere dejar de lado los discursos grandilocuentes y ponerse a trabajar. Eso esperamos del nuevo gobierno que estamos (re)estrenando.

 

 

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